
Definitivamente es asi: estamos en un pais que se dice el "Jaguar" de latinoamérica, que a diario muestra las cifras de su creciente desarrollo, que se enorgullece de salir adelante frente a las vicisitudes de la salud, el bienestar social para todos los ciudadanos y la ultramencionada pobreza que se supone va en decenso (o que por lo menos se ha paliado un poco). Pero hay algo de lo que no debemos ni podemos olvidarnos jamás: de nuestra naturaleza mestiza y sudamericana... llena de dolor, de opresión y esfuerzo del que somos partícipes cada día que pasa y de que nos vamos abriendo camino aperrando frente a cada adversidad que se nos presenta para poder estar sino bien, un poco mejor cada día.
Es así, simplemente así. Y asi es también que dentro de nuestra realidad existe una realidad paralela, y muy parecida a la nuestra: también con dolor, esfuerzo y empeño, tal vez no para salir adelante de la misma manera que lo hacemos nosotros, pero si para lograr el pan de cada día y la perpetuidad de la especie... y con esta realidad nos topamos a diario, en las calles, las escalas, las plazas y cada uno de los instantes que se dan en la ciudad. Es la realidad de los QUILTROS, de nuestros colegas de la vida, de esas mascotas de la ciudad que se pasean como pedro por su casa sin alteracionas, sin interrupción, adornando el paisaje urbano con su no tan agraciado andar en muchos casos y su resuelto caminar en otros.
Les debemos parte de nuestra ideosincracia, sin ellos "Shile" no lo sería, y no sería patente nuestra verdadera cara, esa que no sale en las cifras, esa que tenemos bien claro cómo es. Recuerdo viajando por Ecuador -hace unos años- el asombro de un muchacho al saber que yo era chileno, las ganas que tenía de vivir en este pais, que para él era casi el EEUU de los años ochenta, y recuerdo haberle bajado el ánimo con mi discurso de las cifras y la verdadera realidad de pobreza, carencias e injusticia social que hay.
Asi es nomás, no me canso de decirlo, y los canes de la calle nos avalan con su estampa mestiza, con su andar cansado e indefinido... infinito, sin norte ni sur, sin hogar ni familia, con el reflejo de la realidad de nuestras vidas en sus ojos, que nos miran con ganas de que compartamos parte de nuestro pan con ellos, de que compartamos nuestro tiempo y nuestra realidad de manera más cohesionada... como queriendo decirnos: hey, somos iguales, de donde mismo, con vidas parecidas!!!.